Por: Luis Federico Santana
Los estoicos aseguran que la impulsividad es un enemigo silencioso que lo puede arruinar todo. En ese sentido, hay que estar alerta ante la posibilidad de cualquier reacción impulsiva.
La persona impulsiva, según el diccionario, es aquella que actúa en forma rápida y sin reflexión. Carece de todo tipo de cautela. El impulsivo se deja llevar de la impresión del momento, sin considerar las consecuencias de su accionar.
La impulsividad representa una gran limitación humana. Ocurre que, con frecuencia, la persona impulsiva tiende a tomar decisiones precipitadas.
Es común en este tipo de hombre o mujer, reaccionar antes de pensar, lo cual puede llevar a comportamientos de riesgo. La filosofía estoica sostiene que, no es saludable, que la persona tenga la tendencia a reaccionar sin pensar o actuar sin medir las consecuencias.
El impulsivo acciona en forma mecánica, sin tomar conciencia de lo que hace. La verdadera fortaleza de la persona está en su capacidad de responder con calma ante los diversos estímulos del entorno natural y social.
Es bueno estar consciente de que, un verdadero desarrollo personal, no se logra reaccionando en forma precipitada.
Ya lo decía Epicteto, pensador de origen griego, pero representante de la filosofía romana: “No podemos controlar los eventos que nos ocurren, pero si podemos controlar nuestras respuestas ante ellos”
Las emociones no son las que deben dictar qué hacer y qué no hacer. El enojo, el miedo, la frustración y la ansiedad deben ser inteligentemente gestionados, o de lo contrario, podrían nublar nuestro juicio y distorsionar nuestra realidad.
