Reflexiones Estoicas / Luis Federico Santana
El deseo es una fuerza poderosísima con la que cuenta todo ser humano. No obstante, el poder de este deseo es ciego, incapaz de discernir entre lo bueno y lo malo.
Quien busca crecer en lo humano y en lo profesional no debe olvidar que el deseo se enciende sin pedir permiso y tiende a impulsar a las personas a actuar con urgencia. Una urgencia que es totalmente ajena a la razón.
El análisis de la naturaleza del deseo invita a detenerse, hacer una parada, observar en forma pormenorizada y cuestionar. No todo lo que se desea conviene a la persona. La pausa que se lleva a cabo entre el deseo y la acción, es el espacio de la libertad.
La filosofía estoica entiende que el objetivo de la persona no debe ser apagar el deseo y eliminar. No hay que olvidar que el deseo es fuerza, corriente, energía, empuje. Lo que realmente hay que procurar, es someter ese deseo al juicio de la razón.
Un deseo, conducido y orientado por la razón, representa un recurso valiosísimo en la búsqueda y conquista del crecimiento personal, tanto en los hombres como en las mujeres.
