En el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, emerge con urgencia el debate sobre la violencia vicaria, una de las manifestaciones más brutales y menos comprendidas de la violencia de género.
Definida en 2012 por la psicóloga clínica Sonia Vaccaro, esta modalidad consiste en el daño ejercido sobre los hijos e hijas con el objetivo último de causar sufrimiento a la madre. El fenómeno representa un desafío jurídico y social de primer orden. Mientras países como España y México han avanzado en su tipificación penal, República Dominicana carece aún de un marco normativo específico.
Expertos coinciden en que se trata de una violencia instrumental: el agresor utiliza a los menores como herramienta para infligir un dolor permanente e irreparable. La complejidad del fenómeno excede el ámbito jurídico. Como señala Vaccaro en sus investigaciones, requiere un abordaje multidisciplinar que integre perspectivas psicológicas, sociales y educativas.
Casos como la Ley Orgánica española contra la violencia vicaria demuestran que, incluso con reconocimiento legal, persisten desafíos en su aplicación efectiva. Organizaciones especializadas urgen a las autoridades dominicanas a priorizar esta agenda, destacando que la ausencia de tipificación penal facilita la impunidad.
La violencia vicaria no solo vulnera derechos fundamentales de menores, sino que perpetúa ciclos de trauma intergeneracional, exigiendo respuestas integrales que combaten legislación con políticas preventivas.
Artículo original publicado en Listín Diario por
