un valle rodeado de montañas antiguas, donde los ríos parecían hablar en su propio idioma, el Estado habitaba en una casa grande de puertas abiertas. En sus paredes estaban grabadas las palabras del Artículo 14: «Los recursos naturales son patrimonio de la Nación. » El Estado custodiaba esas palabras con solemnidad, como si fueran una promesa sagrada.
Una mañana, llegó la Empresa Minera con planos, cascos brillantes y una propuesta: —Queremos extraer el cobre que duerme bajo la montaña. Será progreso, empleo, carreteras, impuestos. El Estado, recordando el Artículo 17, respondió: —Nada se hará sin mi consentimiento, pues soy guardián de lo que pertenece a todos. Pero el progreso también es un deber.
Mientras tanto, la Comunidad escuchaba desde la plaza. Algunos soñaban con trabajo y desarrollo; otros temían por el agua y el bosque. En ese murmullo colectivo, una voz se alzó más clara: la Vecina, una mujer de manos curtidas por la tierra.
Artículo por Redacción Dialektosdigital
