El fútbol dominicano vive un momento seminal. La reciente victoria de la selección sub-17 en México, lograda en dramática definición por penales, no es un hecho aislado, sino parte de un proceso de desarrollo que comienza a dar frutos. Estas generaciones de jóvenes, que crecieron idolatrando a figuras como Messi y Cristiano, hoy representan con orgullo a la nación.
Más allá del resultado inmediato, el verdadero valor radica en la consolidación de estructuras formativas que apuestan por el talento local. Paralelamente, la clasificación histórica de Haití y Curazao al Mundial deja una lección clara: el crecimiento futbolístico en el Caribe es tangible cuando existe un proyecto serio.
Estos logros demuestran que, con planificación constante y aprovechamiento del talento disponible, incluso naciones tradicionalmente relegadas pueden alcanzar relevancia internacional. El camino es largo, pero cada triunfo juvenil y cada clasificación inesperada alimentan la convicción de que el fútbol caribeño está escribiendo un nuevo capítulo en su historia.
Artículo por Redacción Dialektosdigital
