El Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer encuentra a la región ante una compleja paradoja: aunque los feminicidios disminuyeron de 71 a 49 casos anuales en República Dominicana, persiste un patrón alarmante de violencia doméstica. Cada semana, más de una mujer muere a manos de su pareja, pese a las 400 denuncias diarias registradas.
Expertos señalan que este fenómeno tiene raíces culturales profundas que resisten al cambio social. Programas como PROMIPYME en RD celebran el aumento de financiamiento a microempresarias, pero estudios recientes revelan efectos contraintuitivos: el empoderamiento económico femenino puede, en ciertos contextos, exacerbar la violencia doméstica.
Economistas y sociólogos coinciden en que la VdP responde a mecanismos de control de recursos y dominancia masculina. Un revelador estudio comparativo entre Egipto y Túnez -países con tasas similares de empleo femenino (25-29%)- muestra resultados divergentes.
Mientras el programa egipcio, centrado en contratación masiva de mujeres, duplicó el abuso psicológico y quintuplicó la coerción económica, la iniciativa tunecina -que incluía empleos temporales para ambos géneros- no impactó las tasas de violencia. Esta evidencia sugiere que la amenaza percibida a la hegemonía masculina es factor determinante.
Curiosamente, el análisis regional desmiente correlación directa entre PIB per cápita y feminicidios: países con ingresos similares presentan tasas radicalmente distintas. El caso de Santiago en RD, con migración rural reciente y acelerados cambios familiares, ilustra esta transición sociocultural pendiente.
Expertos coinciden: la educación en equidad de género, más allá del ámbito económico, resulta fundamental para romper este ciclo.
Redacción Dialektosdigital
