El sector minero de República Dominicana experimenta un momento de expansión significativa, con indicadores que lo consolidan como uno de los pilares económicos más consistentes del país. Según datos oficiales, las recaudaciones fiscales del sector se han duplicado en los últimos años, mientras que su contribución al empleo formal y a las exportaciones nacionales sigue en ascenso.
Pese a este desempeño, analistas coinciden en que el verdadero potencial minero del país permanece subutilizado. El principal obstáculo no radica en la capacidad técnica de las empresas ni en la calidad de los yacimientos -considerados entre los más prometedores de la región- sino en un entramado burocrático que frena el desarrollo del sector.
Los procesos de permisos pueden extenderse por años, con trámites redundantes y plazos indeterminados que desincentivan la inversión. Expertos enfatizan que la rigurosidad ambiental no debe confundirse con ineficiencia administrativa.
Lo que el sector requiere, según coinciden empresarios y economistas, es un marco regulatorio claro, predecible y ágil que permita acelerar proyectos estratégicos sin comprometer los estándares de sostenibilidad. Una modernización de los procesos podría convertir a la minería responsable en una palanca de desarrollo aún más potente, con beneficios multiplicadores para la economía dominicana.
Redacción Dialektosdigital
