En el léxico beisbolero dominicano, los términos ‘importado’ y ‘refuerzo’ distan de ser sinónimos. Mientras el primero designa a jugadores extranjeros que no cumplen expectativas, el segundo corona a aquellos que las superan. Esta dicotomía encuentra en Paolo Espino un caso paradigmático.
El lanzador panameño, tras siete temporadas destacadas con los Toros del Este (2016-2023), donde incluso ganó la Triple Corona porcentual en 2024, vio su estatus cambiar radicalmente en su octava incursión con el Licey. Sus modestas cifras (8. 1 innings, 15 hits recibidos) contrastan con un legado que lo sitúa entre los élite: líder histórico en WHIP (1.
030) y ratio de ponches por base por bolas (4. 79) entre lanzadores con más de 200 innings en la liga. Sus 201 ponches en 219. 2 entradas lo colocan segundo solo detrás de James Rodney Richard en promedio de strikeouts por nueve innings (8. 24).
Este contraste entre un presente discreto y un pasado glorioso ejemplifica la cruda realidad del béisbol profesional: el rendimiento inmediato dicta la clasificación, sin importar pedigrí estadístico. El caso Espino invita a reflexionar sobre los criterios para evaluar talento extranjero en una liga donde la frontera entre refuerzo e importado es tan delgada como decisiva.
Redacción Dialektosdigital
