La confianza, ese intangible decisivo que no figura en los informes económicos pero determina el rumbo de las naciones, muestra signos alarmantes de erosión en República Dominicana. Expertos coinciden: cuando este activo se quiebra, la fragilidad afecta a todos los sistemas, desde la economía hasta la cohesión social.
Los indicadores macroeconómicos ya no bastan para explicar la realidad ciudadana. Pese al crecimiento sostenido, el 72% de los dominicanos percibe que su calidad de vida empeora (Encuesta Nacional de Hogares 2023). Los salarios no siguen el Índice de Precios al Consumidor, el endeudamiento familiar alcanza récords históricos y la clase media lucha por mantener estándares básicos.
El problema trasciende lo económico. Los últimos cinco años registran 14 casos de alto perfil vinculados a narcotráfico y lavado de activos, según datos del Departamento de Justicia estadounidense. La particularidad preocupante: el 86% de estas investigaciones se originaron en jurisdicciones extranjeras, evidenciando fallas en los mecanismos locales de control.
La juventud, sector clave para el desarrollo, muestra los síntomas más graves. El 63% de los menores de 30 años considera emigrar (Estudio Gallup 2023), mientras la abstención electoral en este grupo superó el 65% en los últimos comicios. No es apatía, advierten los analistas, sino ruptura del pacto generacional. El sector productivo tampoco escapa a esta dinámica.
Cámaras empresariales reportan que el 41% de las inversiones previstas para 2024 están en ‘modo cauteloso’, no por falta de capital sino por incertidumbre institucional. Una señal clara: cuando la confianza se erosiona, hasta los motores económicos pierden potencia.
Redacción Dialektosdigital
