El caso Senasa ha irrumpido con fuerza en el debate nacional, trascendiendo los círculos especializados para instalarse en la conversación cotidiana. Lo relevante no radica únicamente en el desfalco en sí – lamentablemente común en la historia reciente – sino en las condiciones que permitieron su gestación.
Expertos consultados coinciden en señalar dos factores clave: la fragilidad de los mecanismos de control interno y una cultura institucional que, en ocasiones, privilegia la lealtad sobre la transparencia. Lo verdaderamente preocupante, como señala el economista Eduardo García Michel, es que ‘el sistema sigue premiando la impunidad más que la rendición de cuentas’.
El actual gobierno ha iniciado investigaciones, pero el desafío va más allá de un caso puntual. Se trata de construir instituciones donde la desconfianza saludable opere como antídoto contra el abuso, donde los protocolos no sean percibidos como obstáculos burocráticos sino como salvaguardas democráticas.
Como bien apunta la fiscal Antonia Rodríguez: ‘Perseguir la corrupción no es mérito, es obligación. Lo realmente transformador sería prevenirla’.
Redacción Dialektosdigital
