Durante más de un cuarto de siglo, la Fundación Padrino de la Educación y el Desarrollo ha tendido un puente educativo entre la remota provincia de Bahoruco y los principales centros culturales de República Dominicana.
Estudiantes, docentes y familias han conocido in situ la Zona Colonial, el Metro de Santo Domingo, universidades y museos, transformando referencias bibliográficas en experiencias palpables. Estas iniciativas han democratizado el acceso al patrimonio nacional y a espacios de desarrollo profesional que, de otra forma, permanecerían distantes para comunidades marginadas.
El impacto trasciende lo académico: las excursiones han demostrado ser herramientas poderosas para formación ciudadana y expansión de expectativas personales. Sin embargo, el reciente accidente que cobró la vida de la estudiante Stephora Anne-Mircie Joseph ha reabierto el debate sobre la seguridad en estas actividades.
Mientras la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) pide restricciones, la Fundación argumenta que la solución no es la prohibición, sino una regulación estatal clara que diferencie entre improvisación y programas con trayectoria comprobada. El Ministerio de Educación enfrenta el reto de crear protocolos que garanticen seguridad sin sacrificar estos espacios de aprendizaje experiencial.
Paralelamente, la Fundación ha complementado las visitas con talleres sobre educación sexual y prevención, demostrando que cuando se combinan conocimiento y vivencia, los resultados transforman comunidades enteras.
Redacción Dialektosdigital
