con familiares y amigos que se alargan hasta la madrugada, aperitivos, dulces, algo de alcohol y, en definitiva, una relajación de nuestras costumbres y rutinas del día a día, que por algo estamos de vacaciones. Pero los excesos suelen pasar factura y más vale estar preparados.
En lo relativo a las comidas, es difícil no caer en la tentación ante los manjares propios de estas fechas, de modo que terminamos comiendo más de lo que deberíamos y, por lo general, alimentos más calóricos de lo habitual.
«Lo ideal sería disponer de medicamentos que nos ayuden a facilitar la digestión o a aliviar el malestar digestivo como antiácidos, productos para la flora intestinal y sueros de rehidratación», indica Carlos Gallego Rodríguez, titular de la Farmacia Gallego de Cáceres (oeste de España).
Redacción Dialektosdigital
