En el aeropuerto de Miami, siete niños con miradas perdidas y mochilas al hombro emprenden un vuelo que cambiará sus vidas. Entre ellos está Andy, de seis años, ciudadano estadounidense que nunca conoció Guatemala. Este viaje forzado es consecuencia directa de las deportaciones masivas que han separado a familias migrantes.
Los menores, con edades entre 3 y 15 años, incluyen tres ciudadanos estadounidenses y cuatro guatemaltecos criados en Florida. Sus historias comparten un patrón trágico: padres arrestados durante controles rutinarios, familias destrozadas y un futuro incierto.
Organizaciones como el Centro Guatemalteco-Maya intentan paliar el trauma, facilitando reunificaciones familiares y cubriendo gastos de traslado. ‘El gobierno ignora los derechos de estos niños’, denuncia Diego Serrato, voluntario que acompaña a los menores.
Casos como el de Franklin (3) y Garibaldi (6), que se reúnen con su padre deportado semanas atrás, ilustran el dilema de madres que, ante el miedo a ser detenidas, optan por enviar a sus hijos al país de origen. Expertos alertan sobre las secuelas psicológicas en menores expuestos a separaciones traumáticas y cambios culturales abruptos.
Este reportaje documenta no solo un proceso migratorio, sino el costo humano de políticas que priorizan la aplicación de la ley sobre la protección infantil.
Redacción Dialektosdigital
