La República Dominicana avanza en una transformación estructural de su cuerpo policial con una ambiciosa reforma legislativa depositada ante el Congreso Nacional. Este proyecto, en desarrollo desde 2021, replantea los fundamentos institucionales de la Policía Nacional, transitando de un modelo rígido y militarizado hacia un servicio público profesionalizado.
El cambio más relevante: la dependencia funcional directa del Ministerio de Interior, modificando décadas de autonomía operativa. La reforma establece tres pilares misionales: prevención, investigación e inteligencia policial, aunque expertos señalan que esta última debería priorizarse por su carácter anticipatorio.
Se institucionalizan mecanismos de evaluación continua, participación ciudadana y estándares de calidad, buscando mayor transparencia. Sin embargo, persisten vacíos conceptuales en seguridad ciudadana que podrían generar interpretaciones divergentes.
La meritocracia se consolida como eje central: ascensos dependerán de competencias demostradas, historial disciplinario y formación académica específica por rangos, requiriendo mínimo cinco años en cada grado.
La arquitectura formativa se robustece con la creación del Centro Nacional de Estándares de la Profesión Policial, separando las funciones de educación y certificación para evitar conflictos de interés.
La reforma mantiene tensiones no resueltas, particularmente en la dualidad de mando entre el Ministerio Público y el Ejecutivo, que requerirá ajustes posteriores para garantizar operatividad efectiva.
Redacción Dialektosdigital
