Bajo un estricto protocolo administrativo, más de treinta cuerpos no reclamados fueron trasladados esta semana al cementerio Los Casabes, cerca del vertedero de Duquesa. Este procedimiento, que se repite cada diciembre para liberar espacio en la morgue del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif), revela una cruda realidad social.
Los fallecidos -entre los que se encuentran migrantes indocumentados, personas en situación de calle y víctimas de violencia- permanecieron desde días hasta cinco meses en las cavas frigoríficas, esperando una identificación que nunca llegó. Fuentes del proceso confirman que esta práctica se ha convertido en una rutina institucional.
El sistema forense enfrenta desafíos críticos: desde la identificación tardía hasta las barreras burocráticas que enfrentan las familias. Un caso emblemático fue el de un hombre cuyo cuerpo permaneció tres meses en el Inacif mientras sus familiares lo buscaban vivo.
El proceso de reclamación exige pruebas de ADN, documentación exhaustiva y autorizaciones fiscales, creando barreras insuperables para muchos. Mientras tanto, las familias continúan llegando al Inacif en búsqueda de respuestas, enfrentando un sistema donde el duelo choca con la maquinaria administrativa.
Redacción Dialektosdigital
