La sangría, ese clásico ibérico de vino frutado, ha experimentado una fascinante evolución en República Dominicana, donde se ha convertido en protagonista de celebraciones. Según expertos en mixología local, su éxito radica en una cuidadosa adaptación al paladar caribeño.
‘La versión dominicana prioriza frutas tropicales como piña y mango, incorpora jugos naturales y a veces un toque de ron local’, explica Edili Sánchez, bartender y especialista en turismo. Esta reinterpretación crea una bebida más aromática, dulce y refrescante que la española original, perfecta para el clima cálido. Pero más allá del sabor, su popularidad responde a factores culturales.
‘Es una bebida social por excelencia’, afirma Sánchez. ‘Se sirve en jarras, permite horas de conversación y une a personas con distintos gustos’. Presente en eventos desde cumpleaños hasta reuniones empresariales, la sangría dominicana no compite con el ron -símbolo nacional- sino que ofrece una alternativa más ligera y versátil.
Su crecimiento refleja cómo las tradiciones importadas pueden reinventarse, ganando nueva identidad al mezclarse con ingredientes y costumbres locales.
Redacción Dialektosdigital
