Con una maleta repleta de recuerdos y emociones contenidas, Rafaela Viola, de 50 años, pisó nuevamente suelo dominicano después de 15 años de ausencia. Su regreso, sincronizado con la temporada navideña, representa mucho más que un viaje: es una catarsis personal tras años de sacrificio laboral en Italia como camarera y esteticista, oficios que demandaron largas jornadas y postergaron su retorno.
La situación migratoria y el cuidado de su madre enferma -quien falleció hace 18 meses- fueron obstáculos que dilataron este momento. Ahora, su prioridad es visitar la tumba materna y reconectarse con su padre, hermanos y sobrinos en un reencuentro cargado de abrazos y lágrimas.
‘Lo más duro es la distancia emocional con tu gente y cultura’, confiesa Rafaela, quien destaca la calidez humana dominicana frente al estilo de vida europeo. Este mes de estadía simboliza un cierre necesario, donde el sabor criollo, las tradiciones familiares y el clima navideño actúan como bálsamo para una migrante que añoró por años este reencuentro con sus raíces.
Redacción Dialektosdigital
