La invasión rusa a Ucrania en febrero de 2022 marcó un punto de inflexión en el orden geopolítico contemporáneo. Más allá de las interpretaciones convencionales centradas en la soberanía territorial o la expansión de la OTAN, el conflicto revela dinámicas estructurales del sistema-mundo capitalista.
La teoría desarrollada por Immanuel Wallerstein proporciona un marco analítico clave para comprender las raíces profundas de esta guerra. Según este enfoque, Rusia representa una potencia semiperiférica en declive, que busca contener su pérdida de influencia ante un Occidente que sigue dominando el núcleo del sistema.
Ucrania, por su parte, ocupa una posición estratégica como Estado bisagra entre dos esferas de influencia, con una economía dependiente y instituciones frágiles típicas de la semiperiferia. El análisis wallersteiniano sugiere que este conflicto no es anecdótico, sino parte de un proceso cíclico de transformación hegemónica.
Estados Unidos, potencia dominante desde 1945, muestra signos de agotamiento en su liderazgo global, mientras emergen tensiones en el sistema que anuncian una era de mayor inestabilidad. La guerra en Ucrania podría interpretarse así como un síntoma de esta transición sistémica, donde los reacomodos de poder generan fricciones violentas en zonas estratégicas del planeta.
Artículo original publicado en Hoy Digital por Julio E. Diaz Sosa
