En el panorama cultural dominicano se libra una batalla silenciosa pero significativa. Mientras millones consumen vorazmente contenido estridente y vulgar – reflejo de carencias y deseos de evasión -, existe una minoría que resiste defendiendo valores culturales más elevados.
Esta polarización revela las dos caras de un mismo país: la que satisface impulsos inmediatos y la que aspira a un diálogo cultural más profundo. Los datos muestran el predominio del entretenimiento fácil, pero sería un error reducir la identidad nacional solo a esto. Históricamente, las minorías intelectuales han sido faros que guían el progreso cultural, aunque su influencia sea menos visible.
El reto actual radica en mantener espacios para el pensamiento crítico, el arte reflexivo y la conversación constructiva, sin caer en elitismos estériles. Expertos consultados coinciden: una sociedad saludable necesita ambos polos, pero debe evitar que el espectáculo banal hegemonice completamente el espacio público.
La resistencia cultural, aunque minoritaria, cumple un rol esencial como contrapeso y alternativa de calidad.
Artículo por Redacción Dialektosdigital
