El ‘skin oiling’, práctica ancestral de origen oriental, experimenta un renacimiento global gracias a la convergencia entre sabiduría tradicional y avances cosmecéuticos.
Los nuevos aceites vegetales, diseñados con tecnología molecular, trascienden su función hidratante para convertirse en multifuncionales: reparan la barrera cutánea, neutralizan radicales libres y regulan procesos fisiológicos dérmicos.
Expertos en dermatología cosmética destacan su capacidad para equilibrar la producción sebácea en pieles mixtas o grasas, desmitificando el temor a los aceites en estos biotipos. La técnica requiere precisión: selección de texturas no comedogénicas, aplicación en piel húmeda y masajes ascendentes que estimulan microcirculación.
Su versatilidad permite usos diversos: desde tratamiento intensivo nocturno hasta refuerzo de protección diurna contra polución. Estudios recientes confirman que ciertos aceites (como jojoba o argán) poseen perfiles lipídicos similares al sebo humano, potenciando su biocompatibilidad.
Sin embargo, los dermatólogos advierten sobre la necesidad de seleccionar productos con certificación de pureza y evitar mezclas caseras que puedan alterar el equilibrio cutáneo.
Redacción Dialektosdigital
