El manejo de casos de corrupción se ha convertido en un termómetro de la salud institucional de las democracias. En República Dominicana, el escándalo de SENASA ha puesto a prueba al gobierno de Luis Abinader, quien ha optado por una postura ejemplar: respeto absoluto a la independencia del Ministerio Público, incluso cuando los investigados son miembros de su propio partido.
Este enfoque contrasta radicalmente con la estrategia del presidente español Pedro Sánchez, quien enfrenta múltiples casos de corrupción en su gobierno con negacionismo y ataques al poder judicial. El análisis comparativo revela patrones preocupantes: mientras en Santo Domingo se prioriza el Estado de Derecho, en Madrid se observa un sistemático debilitamiento de los contrapesos democráticos.
Expertos consultados coinciden en que la actitud del Ejecutivo ante estos casos define no solo la credibilidad de un gobierno, sino la solidez de las instituciones. El caso dominicano demuestra que la transparencia es posible incluso en contextos complejos, mientras el español evidencia los riesgos de la politización de la justicia.
Redacción Dialektosdigital
