La reciente columna de Aníbal de Castro en Diario Libre, titulada ‘Yo también protesto’, ha reabierto el debate sobre los límites de la participación ciudadana en procesos judiciales. El artículo analiza las manifestaciones del 14 de diciembre frente al Palacio de Justicia de Ciudad Nueva, donde manifestantes esperaban la decisión sobre el caso Senasa.
De Castro argumenta que estas protestas, aunque bienintencionadas, podrían socavar la independencia judicial al intentar influir en las decisiones. Esta postura encuentra respaldo en la doctrina de Owen Fiss, exdecano de Yale, quien defiende el ‘aislamiento político’ de los jueces como garantía para la protección de derechos humanos.
El análisis incorpora también perspectivas de Jürgen Habermas y John Rawls, destacando que la justicia debe operar al margen de presiones populares. El artículo concluye con una advertencia sobre los riesgos de transformar la justicia en un instrumento político, en lugar de mantenerla como garante de derechos fundamentales.
Redacción Dialektosdigital
