La administración Trump ha elevado la presión sobre Venezuela al ordenar el bloqueo naval de buques petroleros sancionados que operan entre el país caribeño y otras naciones. Esta decisión, precedida por la confiscación de un carguero en 2022, marca un nuevo capítulo en las tensiones bilaterales y revive la convulsa historia reciente de PDVSA, afectada por sanciones y mala gestión.
El análisis comparativo revela patrones alarmantes: en 2002-2003, un paro petrolero de 63 días redujo la producción de 2. 9 a 0. 76 millones de barriles diarios, con pérdidas superiores a $10 mil millones. Similarmente, en 2020, sanciones estadounidenses causaron escasez crítica de combustible, solo aliviada por envíos iraníes que dispararon precios.
Expertos consultados señalan que esta nueva medida podría profundizar la crisis humanitaria y energética, con impactos inmediatos en la población civil que ya sufre racionamientos. El despliegue militar estadounidense en el Caribe desde agosto pasado añade complejidad geopolítica a esta escalada, mientras analistas advierten sobre posibles efectos colaterales en los mercados globales de crudo.
Redacción Dialektosdigital
